LA PLANCHA DE PLOMO FRENTE A LOS AGENTES HUMANOS
PRECAUCIONES EN LA INSTALACIÓN DE LA PLANCHA DE PLOMO
Este artículo no pretende enseñar a trabajar el plomo. Pretende llamar la atención de quienes lo proyectan o lo ejecutan apartándose de un conocimiento contrastado y sustituyéndolo por soluciones nacidas de la ocurrencia, de la moda o, sencillamente, de sus propios sueños.
ABSTRACT
El plomo laminado ha demostrado durante siglos unas prestaciones extraordinarias en la construcción. Precisamente esa reputación ha llevado, en demasiados casos, a utilizarlo como si el material, por sí solo, fuese garantía suficiente de durabilidad. No lo es. Las diferentes oportunidades que he tenido de analizar obras antiguas demuestran tanto la calidad del plomo como el profundo conocimiento con que fue trabajado.
He tenido la magnífica oportunidad de estudiar sobre el terreno cubiertas de plomo tan emblemáticas como las de la iglesia de San Sebastián, en Salamanca; el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso; el Monasterio de El Paular, en Rascafría; la Catedral de Palencia; la Catedral de Ávila; la iglesia de los Jesuitas, en Toledo; el Palacio de Carlos V, en Granada; el Palacio Real de Madrid; la ermita de San Antonio de la Florida; la Catedral de León y la Diputación Foral de Navarra, Monasterio del Escorial, Cuartel general del Aire (Madrid) entre muchas otras.
El pertinaz estudio de estas cubiertas ha sido de lo más ilustrativo en lo que se refiere tanto al metal como a su soporte y a la forma de trabajarlo. En ellas se puede deletrear el oficio y la perspicacia con que se ejecutó la obra. No olvidemos que los monumentos mencionados, salvo un par de excepciones, cuentan con edades muy considerables.
Sé que quien lee este tipo de información no lo hace por simple curiosidad, sino por saber o porque algo puntual le inquieta y le induce a buscar respuestas. Por eso, la información ha de ser veraz, sin fisuras, sin trampas y transparente.
¿Qué quiero decir con esto?
Aparte de las obras mencionadas, he tenido la misma oportunidad en muchas otras que, por sí solas, llenarían este artículo. Todas ellas fueron estudiadas con motivo de alguna intervención o reforma. La eternidad de lo construido no existe.
Algunas de las obras mencionadas no llegaron siquiera a los diez años de vida. Es decir, no deben tomarse todas ellas como referentes de siglos de duración. Por unas causas u otras, en todas hubo que intervenir; hubo que desmembrarlas para poder rehacerlas.
Y ahí está el dato.
En dislocar lo hecho para poder escudriñar todo lo que configura la cubierta.
Por sus características, podemos considerar el plomo entre los mejores materiales para diversos empleos en construcción, tanto en obra nueva como en rehabilitación. Goza de una resistencia muy alta y es extraordinariamente maleable, lo que le permite adaptarse a superficies muy heterogéneas.
Solo en lo que a la resistencia y prestaciones del metal se refiere, podría citarse su empleo en sarcófagos, tuberías subterráneas que todavía perduran, revestimientos de estanques de agua, amalgamas de sellado, protección de ornamentos o como elemento estabilizador y de reparto de cargas. Un sinfín de aplicaciones en construcción que dan buena cuenta de la confianza que históricamente se depositó en él.
Se le llegó a considerar eterno, junto con el cobre.
Antes de continuar, una llamada de atención a los sabelotodo, a los nuevos técnicos, a los nuevos facultativos: ¿de dónde han extraído los conocimientos para afrontar nuevas instalaciones de plomo desviándose por completo del oficio ancestral?
Uno se hace la pregunta.
Si muchas de las obras existentes cuentan con siglos de antigüedad y, porque todo tiene su final, llega el momento de modificarlas, repararlas o hacer otras nuevas, ¿por qué se abandona aquello que durante tanto tiempo demostró funcionar? ¿Por qué se prescinde de lo que dicta el libro de la sabiduría?
Quizá no se me entienda.
Voy a ser más claro.
¿Por qué existen cubriciones de plomo con siglos de antigüedad y otras no consiguen sobrepasar unas pocas décadas?
Voy a ser más contundente todavía:
algunas cubriciones no han llegado a durar ni meses.
Ya sé que lo que digo es duro.
Pero es real.
Se confía en el plomo como material, y claro que se puede confiar. El problema empieza cuando alrededor del plomo aparecen la eficiencia energética, los aislamientos, los tableros prefabricados, las cámaras de aire, las láminas de los más diversos estilos, los sellados garantizados por no sé cuántos años y, además, un montón de ineptos en la materia opinando. Y al final, el plomo se corroe.
Voy a poner un par de ejemplos directos.
En dos catedrales se realizaron cubiertas nuevas de plomo y, a los pocos años, hubo que retirarlas. En una de ellas, poco faltó para que el propio soporte terminase seriamente comprometido.
Y cuidado con un detalle: en una de esas obras, si no me falla la memoria, los facultativos implicados impartían clases en alguna universidad.
Entonces uno se pregunta: ¿Se puede consentir esto?.
El plomo tiende a comportarse, en teoría, como lo hacen otros materiales, en el sentido de que, según se recoge en textos antiguos, “si una lámina es suficientemente delgada, resistirá una fuerza prácticamente infinita aplicada regularmente a sus dos caras”. Resulta imposible que una lámina de plomo presionada entre dos superficies planas sufra una deformación importante rebasando los límites de aquellas. La lámina de plomo no disminuye su espesor de forma importante. La fluencia del plomo a temperatura ambiente varía, además, con su composición.

Por esa confianza en su durabilidad, el plomo se empleó para techar edificaciones, mayormente singulares. Se utilizó también como elemento adyacente a otros materiales, como la pizarra o la teja, así como para la cubrición de linternas y ornamentaciones. De este modo podemos encontrar techos cubiertos totalmente con plancha de plomo, cubiertas de teja o pizarra con rematerías —limas, encuentros, etc.— realizadas con plomo, así como cubriciones de muros y canalones ejecutados con este mismo metal.
A juzgar por la antigüedad de algunas obras, la plancha de plomo estaría fuera de toda duda y cabría su empleo en cualquier circunstancia. Pero no hemos de olvidar que los oficios anteriores conocían perfectamente el material y su comportamiento, que es precisamente lo que en la actualidad nos falta.
No son pocos los conocimientos necesarios para trabajar la plancha de plomo. En la mayoría de los casos, en la actualidad, se instala con absoluto desconocimiento, sin tener en cuenta una serie de factores adversos que terminan anulando la funcionalidad de un material considerado entre los mejores.
Pongamos, por ejemplo, el atrevimiento de realizar cualquier cubrición utilizando como soporte tableros aglomerados y, sobre ellos, una lámina separadora. Nuestras investigaciones, llevadas al raciocinio, demuestran que esa práctica es una aberración. Igualmente aberrante es utilizar masillas para sellar uniones en canalones u otras rematerías. Cuando se ejercen estas prácticas, simplemente se denota que hay ayuno de oficio para trabajar un metal con magníficas prestaciones.
Curiosamente, el plomo, por su propia naturaleza, permite la limpieza y admite el estañado de perpetuo, a menos que esté corroído; solo hay que saber hacerlo.
El plomo, casi comparable al cobre, tiene una alta resistencia a la corrosión. Por otro lado, es altamente vulnerable ante determinados medios ácidos o básicos y muy dado a las deformaciones y roturas por tensión. Estos datos merecen una explicación científica que no cabe en este artículo.
Una de las deformaciones más acusadas que presenta la plancha de plomo son las roturas por tensión o resquebrajamientos. Se producen mayormente en los canalones, aunque también pueden aparecer en las planchas de cubierta.

Es un error hacer canalones de plomo si no se tienen en cuenta una serie de factores. Lo mismo puede suceder cuando nos disponemos a cubrir muros empleándolo a modo de albardilla. Instalar el plomo pensando que, por ser uno de los mejores materiales y adaptarse a cualquier superficie, todo está resuelto, es uno de los mayores errores que se pueden cometer. Hay que disponer soportes adecuados y realizar una instalación exageradamente meticulosa; de lo contrario, la ruina está asegurada.
imagen clara de como se llegan a producir las condensaciones que terminaran destruyendo la plancha de plomo , incluso la estructura portante de acero.El simple contacto del plomo con determinados medios, como pueden ser morteros, maderas u otros metales, así como la obstaculización de sus movimientos de dilatación o contracción, a los que está obligado, pueden ser suficientes para llevarlo a la ruina sin posibilidad de arreglo.
Las soluciones diluidas de ácidos orgánicos desprendidas por determinadas maderas pueden corroer lentamente el plomo. El efecto corrosivo puede aumentar cuando existe condensación continua en la cara interior de la cubierta, fachada u otro elemento, al absorber esa humedad los ácidos orgánicos procedentes de la madera de la subestructura.
“No olvidemos que el plomo es anfótero y puede actuar como ácido o como base. Según se recoge en la literatura técnica, consigue transformar sales de plomo en ácidos y sales de tipo metálico.”
A largo plazo, la condensación puede causar una corrosión apreciable en el plomo.
Los hormigones y morteros de cemento contienen cierta cantidad de cal libre que, en presencia de humedad, puede iniciar un lento ataque corrosivo sobre el plomo. Por ello, debe evitarse el contacto directo entre el plomo y el hormigón durante el fraguado y mientras la carbonatación de esa cal libre por reacción con el dióxido de carbono de la atmósfera sea todavía lenta.

SI ES DE SU INTERÉS, PUEDE ACCEDER UN DOSSIER DE IMÁGENES TOTALMENTE INÉDITAS
Las imágenes que recoge este dossier no son meramente ilustrativas. Forman parte de un trabajo de investigación realizado sobre una cubierta con muy pocos años de vida y constituyen, por sí mismas, una fuente excepcional de información.
Su estudio nos ha permitido extraer datos inéditos y especialmente reveladores sobre el comportamiento real de este tipo de soluciones constructivas.
A priori, la cubierta había sido ejecutada con todas las garantías e incorporando elementos que, sobre el papel, debían mejorar su comportamiento, entre ellos un soporte de madera bajo la chapa.
Sin embargo, la investigación puso de manifiesto una realidad bien distinta: aquello que se había dispuesto con la mejor intención terminó creando las condiciones que condujeron a la ruina total de la cubierta, llegando incluso a afectar a elementos de la propia estructura.
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Su estudio nos ha permitido extraer datos inéditos y especialmente reveladores sobre el comportamiento real de este tipo de soluciones constructivas.
A priori, la cubierta había sido ejecutada con todas las garantías e incorporando elementos que, sobre el papel, debían mejorar su comportamiento, entre ellos un soporte de madera bajo la chapa.
Sin embargo, la investigación puso de manifiesto una realidad bien distinta: aquello que se había dispuesto con la mejor intención terminó creando las condiciones que condujeron a la ruina total de la cubierta, llegando incluso a afectar a elementos de la propia estructura.
Por eso estas imágenes tienen un valor especial. No muestran únicamente daños. Permiten seguir el proceso, interpretar sus causas y comprender cómo una solución aparentemente correcta puede contener, desde su origen, el mecanismo de su propio fracaso.
SI ES DE SU INTERÉS, PUEDE ACCEDER A UN DOSSIER DE IMÁGENES TOTALMENTE INÉDITAS
Las imágenes que recoge este dossier no son meramente ilustrativas. Forman parte de un trabajo de investigación realizado sobre una cubierta con muy pocos años de vida y constituyen, por sí mismas, una fuente excepcional de información.
Su estudio nos ha permitido extraer datos inéditos y especialmente reveladores sobre el comportamiento real de este tipo de soluciones constructivas.
A priori, la cubierta había sido ejecutada con todas las garantías e incorporando elementos que, sobre el papel, debían mejorar su comportamiento, entre ellos un soporte de madera bajo la chapa.
Sin embargo, la investigación puso de manifiesto una realidad bien distinta: aquello que se había dispuesto con la mejor intención terminó creando las condiciones que condujeron a la ruina total de la cubierta, llegando incluso a afectar a elementos de la propia estructura.
Por eso estas imágenes tienen un valor especial. No muestran únicamente daños. Permiten seguir el proceso, interpretar sus causas y comprender cómo una solución aparentemente correcta puede contener, desde su origen, el mecanismo de su propio fracaso.
Todas las imágenes incluidas en este dossier forman parte de nuestro trabajo de investigación y se encuentran protegidas por derechos de autor. Queda prohibida su reproducción, publicación, difusión o utilización, total o parcial, sin autorización expresa.
UN DOSSIER DE IMÁGENES INÉDITAS.
Manuel Álvarez
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