Cubiertas metálicas: lo que nadie se atreve a decir.
Reflexiones basadas en más de cuarenta años de experiencia directa, observación empírica y ciencia forense

Las cubiertas metálicas están acusando muchos problemas, sobre todo las de zinc, un poco menos las de cobre y las de plomo. Todas las investigaciones que he realizado me llevan a la conclusión de que no es culpa de los elementos finales (los metales), sino de los complementos, es decir, de los soportes. Los soportes como tableros y el abuso de láminas son los principales responsables.
Antiguamente, las cubiertas se realizaban con métodos ancestrales pero eficaces, lo que nos permite hoy observar cubiertas con muchos años de funcionamiento. Esto demuestra que el material es duradero. Por el contrario, las cubiertas modernas, hechas según recomendaciones de vendedores con tableros, barreras de vapor y láminas, terminan siendo ruinosas. El zinc, en particular, no necesita nada más que un soporte compatible y una instalación eficiente.
Resulta curioso que los facultativos a la hora de prescribir, se repitan refiriéndose al capítulo de cubiertas como un “copia y pega”. Sobre las características del metal, que es lo realmente importante, casi no hablan, más allá de grosor, color y tipo de instalación. Sin embargo, al referirse a las láminas lo hacen con todo lujo de detalles, portando más literatura que una sentencia judicial, que podría considerarse la que llevara la cubierta a la ruina. Este hecho, irónico y a la vez revelador, muestra cómo se pasa por alto el material principal mientras se incide en elementos que conducen al desastre.
Las láminas, a menudo recomendadas directamente sobre tableros prefabricados, quedan atrapadas entre el tablero y la chapa de zinc. El vapor generado en la vivienda atraviesa los tableros por uniones o intersticios y queda atrapado, formando pequeñas gotitas que se depositan en la madera, generando putrefacción. Incluso con un forjado de hormigón, la humedad de obra queda custodiada entre la lámina y el hormigón, sumándose al vapor generado por la vivienda.
Además, estas láminas de polietileno, con la dilatación del zinc, crean bolsas de aire perpetuas que favorecen la formación de pilas electroquímicas entre grapas, zinc y tablero, acelerando la corrosión. La ciencia forense permite detectar estas primeras fases, pero el ojo humano solo lo percibe cuando la ruina ya es evidente.
En conclusión, para que una cubierta funcione correctamente solo se necesita un soporte compatible y una instalación eficiente. Las láminas, lejos de proteger, suelen ser las culpables de los problemas, enmascarando humedades hasta que es demasiado tarde.
Manuel Álvarez
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